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En etología felina, resulta difícil hacer un retrato robot del comportamiento de los gatos, uno de generalizado. No son animales fáciles de entender cuando presentan algún desorden, quizás todo lo contrario. Es sencillo conocer a los gatos que no tiene problemas. Éste sí que más o menos sigue un patrón: jugar, dormir, comer, buscar un regazo amigo, practicar la caza (de lo que sea)...

El problema aparece cuando alguna cosa falla. Es entonces cuando nuestros recursos se ven reducidos a casi nada. No sabemos como actuar, ni como tratarlos, ni qué les pasa ni sobretodo, por qué les pasa.
Muchas veces, todo aquello que ha llevado a nuestro gato a ser como es o a tener algún desequilibrio, viene por nuestras acciones.
Nuestra desinformación en etología felina es el mal más grande de los gatos: nuestros miedos, nuestras creencias, nuestros principios, lo que creemos saber sobre ellos, lo que alguien nos explicó un día, lo que leímos en Internet, nuestra angustia ante la situación...
Son muchos los factores que nos hacen perder la perspectiva, llevándonos a tomar decisiones precipitadas como el aislamiento del gato, deshacerse de él o incluso el abandono.

Casi todos los problemas que tiene los gatos tienen solución. Es necesario conocerlos mejor como felinos y aplicar las pautas que a ellos, como gatos, entenderán mejor. Nuestras soluciones humanas no acostumbran a ser muy recomendables, porqué aunque quizás salimos del aprieto, quizás también hemos puesto una semilla que un día u otro germinará. I por lo general, esta semilla, es de las que nadie quiere ver crecer.

Con la mejor intención acabamos haciéndoles más mal que bien cuando ellos tienen algún problema. A veces, nuestras soluciones son simples parches que nunca serán soluciones, pasaremos épocas más o menos buenas pero nunca nos van a satisfacer del todo. Así pasa el tiempo e incluso los años, dejándonos la idea de que los gatos son seres extraños, o misteriosos o imposibles de comprender. Y la gran pregunta es: ¿trato bien a mi gato?
Eso no significa que le maltratemos, sino que quizás, lo que el recibe, no es lo que necesita o lo que le va bien.

Los gatos son, simplemente, desconocidos. Su naturaleza independiente y autosuficiente, puede llegar a convertirlos en individuos que no necesitan el apoyo de nada ni de nadie cuando las cosas no van bien. Parecen cerrarse en banda y también parece que no hay nada que hacer, pero eso es una falsa apariencia. Nuestro gato actúa diferente, o se esconde o tiene comportamientos extraños cuando no sabemos darles las pautas que les llevarán a su paz interior, un elemento muy importante para la vida de un gato. Imprescindible.

Desde el 2004 que voy visitando gatos regularmente y viendo todo tipo de casos. Las peleas, las socializaciones entre gatos y gatos, y gatos y personas, las deposiciones fuera del arenero y los gatos aburridos son los problemas más habituales. Todo tiene un porque y una posible solución. Los gatos no hacen las cosas porque sí, no cambian su comportamiento por capricho. Algún detalle se escapa a la hora de saber qué le pasa a nuestro gato.

La mejor etología felina es la que se mira los problemas desde el lado del gato, la que se preocupa por saber qué necesita el gato en lugar de preocuparse por las molestias que pueda estar causando. Siempre manda el gato, este es uno de los grandes secretos que esconden. Ellos ponen la guía y nosotros la seguimos, lo que no significa que puedan hacer todo aquello que quieran. Simplemente significa que no podemos vulnerar sus patrones de vida, sean los que sean. Todos los gatos lo tendrán parecido pero ninguno será idéntico. Dependiendo del carácter del gato y del tracto que reciba, los pasos a seguir serán unos u otros.

No te creas todo lo que leas, sobretodo en Internet, ya que te puede llevar algún disgusto. Adopta una actitud natural y tranquila para afrontar el problema, los nervios, la angustia y un ritmo de vida acelerado no te ayudarán para nada en tu tarea. Los gatos son muy inteligentes, trátalos como tal. No son animales sin criterio, seguramente su criterio es superior al nuestro. Relaciónate con tu gato a diario, no descuides vuestra relación.. Gánate a tu gato con amor y comprensión y no con un suculento snack. El snack podría no estar mañana pero tu siempre estás ahí. Confía en ti antes que en un alimento.

Si ves que no te las arreglas con tu gato, ponte en contacto con un profesional de de gatos, porque no todos los etólogos animales conocen el comportamiento felino.

 

 

Educador de Gats

Etologia Felina

Jordi, septiembre 2010

Nací en enero de 1975 y me considero un amante de los animales. No soy ni veterinario ni etólogo.

En el año 2000 me fui a vivir a Inglaterra, trabajando como voluntario en The Cat Survival Trust, que es una ONG dedicada a los felinos salvajes. Su lema es: Working to Give Wild Cats a Future. Allí pasé un año y medio cuidando y alimentando a más de 50 felinos, entre los que había leopardos de las nieves (especie altamente amenazada), linces de varias clases como el siberiano (enorme), el escandinavo (blanco durante el invierno y marrón durante el verano), Bobcats canadienses (parientes de nuestro casi extinguido lince ibérico), linces euro-asiáticos, caracales africanos, servales, algún gato montés de las montañas de Escocia, Gatos de Geoffrey (más pequeño que muchos gatos domésticos), gatos de la jungla (del sur-este asiático), gatos pescadores… Allí entré en contacto por primera vez con este mundo, donde pude aprender muchísimas cosas. El día a día era su alimentación, la limpieza de sus cercados, la construcción de otros nuevos, velar por los cachorros y por sus madres des de que sabíamos que estaba embarazada hasta que ya eran suficientemente grandes, cortar la hierba que no para de crecer en este país…

De allí me fui a Sur África donde pasé cerca de 5 meses. Hice también de voluntario en The Tsitsikamma Wolf Sanctuary, un centro de Acogida para lobos siberianos , situado en el Parque Nacional de Tsitsikamma, dónde fui el responsable de criar 6 cachorros de lobo siberiano confiscados por la policía. Se quería evitar al máximo el contacto con humanos, así que me pidieron si yo quería tirarlo para adelante. Así que sólo me veían a mi y yo era alguna cosa menos que su madre. Me gusta pensar que poca cosa. Yo les daba la comida, les limpiaba su pequeño cercado, jugaba con ellos, les daba un centro de calor en el que confiar… Al final de mi etapa en Sur África, conseguí introducirlos con éxito con dos lobas adultas que vivían solas en un cercado. Cabía la posibilidad de que la cosa no fuese bien, y que se pudiera vivir alguna escena de rechazo, pero no fue el caso. A las pocas visitas de los cachorros a su nuevo cercado, ya les pedían  a sus nuevas madres que les regurgitaran la comida. Y lo hacían. En realidad, ellas estuvieron muy contentas de que aquellos cachorros corrieran arriba y abajo por sus dominios.

Pocos meses después de volver a Cataluña, empecé a trabajar en  el Centro de Acogida de Animales de Compañía, el CAAC, la antigua perrera de la Arrabassada (el concepto perrera ha quedado fuera de lugar por despectivo. Ahora se les llama Refugio). Fue a principios del año 2003, obviamente cuando las leyes ya no permitían la eutanasia (si no yo no hubiera trabado nunca allí). Durante un año y medio aproximadamente, me ocupé de la sección de los gatos,  donde llegamos a tener una población estable y controlada de unos 150 gatos. Pasaron muchos gatos, demasiados gatos. Muchos murieron y muchos otros vivieron. Estos superaron el abandono, los accidentes, las heridas, las operaciones, el maltrato, la humillación, el frío y la falta de alimento, el miedo y la angustia… pero también muchos de ellos encontraron una nueva casa. El programa de adopción no era tan satisfactorio como queríamos, pero muchas familias vinieron al CAAC a buscar un nuevo miembro, y lo encontraron.

Hoy en día tengo un trabajo de jornada completa en cierta empresa, mientras que en mi tiempo libre intento ayudar a gatos con problemas y a sus familias.